Bailey es un niño de nueve años, que luchó contra el cáncer durante 15 meses, para poder cargar en sus manos a su hermanita Millie, que nació en noviembre del 2018.

El cáncer se le extendió por todo su cuerpo y los médicos le diagnosticaron días o semanas de vida.

“No pensamos que viviría más, cuando nació su hermana la abrazó e hizo todo lo que un hermano mayor haría: cambiarla, lavarla, cantarle”, cuenta su madre.

En el verano de 2017, el menor de edad sufría de fuertes dolores de estómago y sus análisis de sangre resultaron negativos.

Le diagnosticaron Linfoma, pero en ese momento ya estaba en la tercera fase.

Tras duros tratamientos con quimioterapia, parecía que el cáncer se había terminado en julio del 2018, ero en agosto volvió e incluso peor, se había extendido.

“Éramos muy abiertos con él. Se lo contamos. Se rompió y dijo que quería estar solo. Nos quedamos con él y en un par de horas lo asimiló todo. Nos sonrió y dijo: ‘Vamos a casa’”. Explicaron sus padres.

Según informa Bristol Post, Bailey comenzó a hacer planes para su propio funeral y quería que todos estuvieran vestidos con trajes de superhéroes. A pesar de los medicamentos contra el dolor, su cuerpo comenzó a deteriorarse y el 22 de diciembre tuvieron que llevarlo al hospital.

“Nos sentamos allí hora tras hora, viéndolo irse. Le leímos cuentos y escuchamos su música favorita”, recuerda la mamá. Y agrega: “A las 11:45 de la noche, ya en Navidad, estábamos junto a su cama. Le dijimos que ‘es hora de irse Bailey’, y partió”.