El amor es un sentimiento universal y cuando una pareja se refugia con fuerza bajo su paraguas surge todo un mundo de maravillosas posibilidades… o todo un mar de tempestades.

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Cada vez hay menos matrimonios y casi siete de cada diez se separan o divorcian. Existe una tendencia incipiente de parejas que tras romper su matrimonio deciden, pasado el tiempo, volver a casarse con su misma pareja. ¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas?

La mayoría de las parejas que se dan una segunda oportunidad rompen la primera vez porque su relación está afectada por factores externos como el estrés laboral, la intromisión de la familia, la incompatibilidad de horarios laborales.

Con la distancia en el tiempo, el cerebro suele olvidar lo negativo, cuando no ha sido traumático, y se queda con lo bueno. Por eso, tras encontrarse de nuevo es posible que esas circunstancias que impedían la relación hayan desaparecido y que las personas hayan madurado.

No hay que olvidar que muchos matrimonios antes de su primera ruptura acuden a terapia y, a pesar de que decidan divorciarse, este proceso les ayuda a detectar los verdaderos errores y a reflexionar la parte de culpa de cada uno. Información muy válida cuando se produce un reencuentro.

Lo que más sorprende a los que tropiezan dos veces con la misma pareja, es que retoman la relación con mucha ilusión, incluso, con mayor profundidad porque las personas esta vez sí saben dónde se meten, porque cuentan con la ventaja de saber todo de la otra persona y no tener que pensar en que hace falta cambiarle porque los defectos y virtudes son de sobra conocidos.

A ello se suma la ventaja de que se supone que, como ha pasado tiempo, han madurado y se tiene más claro lo que se quiere y se espera de una relación. Si han llevado a cabo un proceso de reflexión individual sobre ellos mismos y como pareja, lo que se encuentran en esencia es una versión de ellos mismos pero mejorada.

Aunque hay parejas que vuelven a estar juntas después de cinco, diez o más años separadas, es posible que esta nueva oportunidad surja con más posibilidades cuanto menos tiempo haya pasado desde el divorcio porque es cuando más sensación de apego existe y si hay hijos de por medio también es más fácil retomar la relación.

Desgraciadamente, se valora mucho más a las personas cuando no las tenemos que cuando están a nuestro lado.

Todo depende del valor que se le conceda al compromiso. Vivimos en una sociedad muy acelerada, donde prima la inmediatez y queremos todo ya y a nuestra manera. Cuando no es así, rompemos con ello. Los terapeutas lo vemos en las relaciones amorosas. En cuanto hay un conflicto y tensiones, las parejas rompen en vez de dar tiempo a la posibilidad de comprometerse y esforzarse en mejorar la situación. Quizá muchas de ellas se ven abocadas al fracaso porque siguen esta inercia de una sociedad con un elevado número de divorcios.

Hay muchas relaciones que aseguran: “Nos amamos pero no sabemos cómo querernos” y el principal motivo “Es la gran presión social del día a día, el poco compromiso, el mínimo esfuerzo realizado por satisfacer a la otra persona, la inmadurez personal y del propio matrimonio”.

Aun así, muchas parejas buscan su segunda oportunidad. Y es que en el amor todo es posible. ¿O no?